La ley de las tres R aplicada a las bolsas de papel

por | 14 de febrero de 2012

El reciclaje, si bien todavía no es un imperativo legal, sí lo es en el plano moral. A parte de unos pocos negacionistas del cambio climático (aunque no sé hasta qué punto se puede usar este término refiriéndonos al medioambiente, es el que se usa habitualmente) está bastante claro que, hablando en plata, nos estamos cargando el planeta. Lo estamos llenando de basura, deforestando sus bosques, contaminando sus ríos y mares, acabando con buena parte de la fauna y la flora que pueblan el planeta tierra, y un sinfín de fechorías más. Así que cualquiera que tenga algo de conciencia ecológica, por no decir conciencia a secas, tiene que verse obligado a actuar. A hacer lo que pueda, por poco que sea eso.

Y parte de ese poco es reciclar y apoyar todas las iniciativas que lo potencien, como puede ser usar bolsas de papel frente a las de plástico, una de las grandes enemigas del medioambiente creadas por la mano del ser humano.

Las bolsas de plástico son francamente dañinas, y una muestra de ello es el intento por parte de algunos países de acabar con su uso. Así, en 2002 el gobierno irlandés introdujo una ley por la que se obligaba a los minoristas a cobrar una tasa a sus clientes por suministrarles bolsas de plástico. Lo recaudado iría a las arcas del Estado. En 2009, Hong Kong asumió un sistema parecido. En el caso de Irlanda el uso de la bolsa de plástico se redujo en un 90%.

Pero como con prohibir, o gravar, no es suficiente y siempre es conveniente aportar soluciones, nosotros nos decantamos por las bolsas de papel.

Este tipo de bolsas, tras usarse las veces que desee, hasta que se rompen o se canse uno de usarlas (por el motivo que sea, en este caso da lo mismo, se pueden tirar en el mismo contenedor en el que tiramos las revistas o periódicos viejos. Vamos, en el contenedor de papel y cartón, el azul (para los despistados).

Así, con un simple gesto, como es el de dejar de usar bolsas de plástico y comenzar a utilizar  las de papel, estaremos ayudando a potenciar el reciclaje, a que se genere menos basura y, en definitiva, a conservar nuestro planeta, el planeta tierra, que al fin y al cabo es de lo que se trata. De momento es el único que tenemos, y el que tienen miles de millones de seres vivos, así que convendría mantenerlo “vivo” el mayor tiempo posible.