El Monte Aconcagua

por | 11 de septiembre de 2010

El Monte Aconcagua es el pico más alto de América. La cadena montañosa que recorre el continente de norte a sur, sobre el extremo oeste, alcanza sus puntos más altos justamente en las provincias de Mendoza, San Juan y Río Negro, en la República Argentina. El origen de la palabra Aconcagua es quichua, y significa “centinela de piedra”, una excelente metáfora para lo que se siente cuando se lo contempla por primera vez, un gigantesco guardián que custodia el paso entre las dos hermanas naciones de Argentina y Chile. El Aconcagua ha sido históricamente un punto de sumo interés para el turismo en Mendoza, a lo largo de la historia.

Cruzarlo es toda una travesía, que ha requerido de importantes obras de infraestructura para que pueda ser realizado por el tránsito pesado, camiones, micros de larga distancia y automóviles. El paso más importante se encuentra unos 100 kilómetros al sur, el célebre paso del Libertador. A pesar de que este paso concentra el 80% del tráfico entre Argentina y Chile, unos 45 días por año debe permanecer cerrado, a causa de las ventiscas y nevadas del crudo invierno andino.

El predio que alberga al Monte Aconcagua es un parque nacional. La idea es preservar el delicado ecosistema de la montaña, especialmente contra la deforestación, que convertiría en aún más árido al clima local. Una deforestación no controlada en la zona podría causar aludes y desprendimientos masivos de barro y nieve. Además, la contaminación podría envenenar las aguas de los deshielos que nutren gran cantidad de ríos y arroyos de la región, y son responsables de prácticamente toda la provisión de agua dulce de la zona.

El Parque Nacional Aconcagua comprende 71.000 hectáreas donde se encuentran verdaderos tesoros arqueológicos y biológicos. Las especies animales y vegetales de la zona de Aconcagua son la base de la cadena trófica del ecosistema cuyano, por lo que una merma en esta población sería de alto impacto negativo para la biodiversidad mendocina.

En el Aconcagua hay numerosos glaciares, masas gigantescas de hielo perennes, que garantizan la provisión de agua potable para los habitantes de Mendoza por muchas generaciones, si son preservados como corresponde. Además, hay gran cantidad de restos paleontológicos, sobre todo de la cultura inca, dado que la zona formaba parte del célebre Camino del Inca, una ruta que cruzaba el continente americano de norte a sur y que marcó el derrotero de los incas en su recorrido conquistador.

Por todo esto, bien vale la pena pensar en un alojamiento en Mendoza durante las vacaciones que nos permita realizar una excursión a este mítico lugar, un sitio único en el planeta. Quien ha tenido la suerte de poder visitarlo puede dar fe del clima tan especial y de las sensaciones que invaden al visitante cuando pisa este magnífico paraje natural.

Oscar Boutto
oscarboutto@yahoo.com