Los centros de días, la importancia de la diferencia

por | 20 de octubre de 2011

Cuando pensamos en una residencia nos imaginamos un lugar donde, probablemente, acabaremos nuestros días, internados. Con la velocidad con que ocurre todo, con el día a día que pesa como una losa… al entorno familiar le es cada vez más difícil hacerse cargo del cuidado de sus mayores dependientes. Sin embargo, pensamos mal. Para empezar porque existen los centros de día.

Somos diferentes (eso ya lo sabemos) y por eso nuestras necesidades también lo son. Divergen nuestras condiciones, cada persona requiere un cuidado diferente, así que a todos no nos pueden ofrecer lo mismo.

Los centros de día, en realidad, no son residencias especiales, sino que más bien es un régimen diferente adscrito a algunos de sus usuarios. Es decir, hay personas que están internas, que pasan todo el día y la noche en la residencia. Sin embargo, las hay que tan solo pasan unas horas. Hasta que vuelve el hijo o la hija de trabajar (por ejemplo) y la lleva a la casa familiar.

El centro de día es un régimen alternativo al del interno. Va dirigido, principalmente, a personas que necesitan ayuda para el autocuidado, pero que tampoco requieren cuidados especiales o exhaustivos, y que en su domicilio no pueden encontrar esa ayuda durante el día o, por lo menos, unas cuantas horas.

De esta forma, se puede mantener a la persona dependiente en el domicilio familiar, aunque en momentos concretos se eche mano del centro de día.

Pero, al igual que todas las personas somos diferentes, también lo son las residencias. Y eso es algo a tener muy en cuenta si queremos respetar las necesidades y dignidad de (al fin al cabo) nuestro padre, nuestra madre, nuestro hermano o hermana…

Para empezar, es fundamental tener en cuenta la opinión de la persona a la que va dirigida el servicio. Siempre debe ser ella la prioridad. Por supuesto que también hay que tener en cuenta las posibilidades y recursos de las personas que le rodean (familia, amigos…), pero eso no es óbice para no atender a nada más. En este último caso estaríamos siendo puramente egoístas.

El dialogo es muy interesante para saber los requerimientos y necesidades de todos. E, incluso cuando la persona a la que se va a llevar al centro de día se le considere incapaz de tomar decisiones (por alguna enfermedad cognitiva o demencia senil que pueda padecer), siempre podemos, y debemos, atender a sus necesidades y requerimientos.