El que se fue de Sevilla perdió su silla

por | 28 de agosto de 2009

Categorizar parece ser una de las necesidades del ser humano en su afán de instaurar un orden ya sea este orden basado en fenómenos naturales o artificiales (literatura, escuelas de pensamiento, etc.). Nietzsche se preguntó por qué decimos “hoja” para referirnos a las hojas de los árboles cuando todas las hojas son diferentes y éste, claro, ya es un problema del lenguaje (el ejemplo más común son las comunidades de esquimales que tiene varias palabras para designar la “nieve”, mientras que otras poseen solo una, es decir, solo “nieve”). Los pensamientos de Nietzsche no solo deben ser analizados desde la problemática con el lenguaje sino también, por su odio –si bien en el campo intelectual esta palabra no es demasiado feliz- a la filosofía kantiana. En literatura existen varias denominaciones que sirven para encasillar obras y escritores dentro de corrientes estético-literarias, como Clasicismo, Romanticismo, Neo-Romanticismo, Realismo, Naturalismo, Modernismo, Surrealismo, Realismo Mágico, etc., etc. Sin embargo, existen obras difíciles de encasillar; dificultad que aporta indudablemente a su riqueza y a su imposibilidad de ser “domesticadas”. La palabra domesticada es un concepto interesante y es una manera de denominar aquellas obras que se resisten a ser leídas solo de una manera, obras o escritos en que la ilegibilidad es una característica anhelada y cuya resistencia al sentido inequívoco descoloca a muchos lectores, seduce a otros e inevitablemente, frustra a muchos. Un ejemplo de obras “rebeldes” es Trilce, el poemario del vanguardista César Vallejo. La riqueza de estas obras descansa en el hecho de que pueden ser leídas siempre de maneras diferentes, que se resisten a una sola y única lectura y por eso, además de tener un alto grado de ilegibilidad, son altamente “indomables”.

¿Existen muebles únicos y bizarros, casi imposibles de categorizar? (Decimos casi imposible porque en la necesidad humana de encasillar, estas piezas pueden ser categorizadas como incategorizables). Al hablar de muebles lo que verdaderamente importa son las posibilidades de inclusión en un espacio así como las posibilidades de combinación con otras piezas de mobiliario. Estas son piezas que, sin dudar a dudas, capturan la atención y se establecen como el mueble central de cada habitación. Muebles cuyo protagonismo obliga a la habitación y al diseño de la misma a adaptarse a ellos, y no a la inversa.

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La silla Traforata ha sido descripta como la silla del rey, las asociaciones son obvias y saltan a la vista, el meticuloso y detallado trabajo en la madera de la silla nos remonta a los muebles de antigüedades y a la época barroca. Nótese además la figura de la cabeza de un león en el apoyabrazos e incluso, en las patas delanteras, las garras del animal. Pero el tapizado es lo que hará toda la diferencia: Si se elige el clásico tapizado rojo con tachas doradas y la madera marrón oscura, se logra un estilo ya visto, ya procesado.

Si, en cambio, la madera es negra y el tapizado no convencional ni típico del mueble de antigüedad se obtiene una silla que se puede denominar como híbrida. En otras palabras, una silla única, y opuesta a lo kitsch (entendemos por kitsch aquello que no provoca una emoción nueva, aquello que se ha convertido en un modelo que el lector, espectador, destinatario en fin, ya posee los medios para interpretarlo y que no implica un trabajo de decodificación ni mucho menos de imaginación, lo kitsch es aquello que no mueve, que no conmueve).

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Muchas obras de arte se proponen lograr un impacto, esta silla es sin duda impactante y hasta si se quiere monstruosa. Un lector medio interpretara lo monstruoso como algo negativo, pero recordemos que algo monstruoso puede ser denominado como tal por su tamaño, por sus combinaciones y por su descolocación. Lo monstruoso es aquello que resulta como tal justamente porque es inclasificable, es aquello que no puede ser asimilado y que, si es finalmente incorporado, deja de ser monstruoso. César Aira –brillante crítico literario- ha denominado la prosa del escritor argentino Roberto Arlt como monstruosa debido a la falta de distancia entre el narrador y el lector. La monstruosidad del escritor del Juguete Rabioso, Los Siete Locos y Los Lanzallamas, entre otros títulos no solo radica en la complejidad del narrador sino también en el vocabulario no convencional a la literatura (asociado a aquello que Beatriz Sarlo ha denominado “saberes de pobre”), y en los personajes (donde se encuentra el motivo del doble entre Erdosain y Barsut). Mas importantemente, la monstruosidad arltiana radica en primer lugar en su hibridismo (la mezcla entre expresionismo alemán, existencialismo norteamericano y futurismo italiano) así como en la radical falta de adscripción a una ideología. La sociedad secreta en la que se involucra el personaje, mezcla discursos fascistas y comunistas, espirituales y tecnológicos, religiosos y ateístas. Esta incorporación de discursos contradictorios y de ideologías supuestamente contrarias es lo que lleva a un descreimiento total de cualquier ideología, y a la ideología como mentira (la alusión a la mentira metafísica es constante). La monstruosidad de la escritura de Arlt llevó a que críticos contemporáneos menospreciasen al autor diciendo simplemente que Roberto Arlt no sabia escribir. Sucede que el violentamiento de la escritura correcta hacia una escritura deforme y agresiva incomodó a muchos de los críticos literarios (es necesario mencionar que Los Siete Locos, escrito en 1929 anticipa el golpe de estado argentino de 1930, lo que muestra la lucidez de Arlt y su capacidad de entender la sociedad argentina de su momento y de decodificar todos los discursos en circulación). Es por estos motivos y otros más (como la posibilidad de interpretar la obra de Arlt de manera siempre diferente de acuerdo a cada momento histórico y su carácter de indomable y de inencasillable) lo que lleva a críticos literarios argentinos reconocer el valor literario de Arlt por encima del afamadísimo Jorge Luis Borges (claro que se trata de estilos completamente diferentes, además que si Borges trabaja sobre la orilla, Arlt trabaja sobre la totalidad –de la angustia, del encarcelamiento, de la locura, etc.).

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Es claro que incorporar mobiliario de tamañas características supone gran desafío. La silla Traforata en su variante negra con tapizado blanco y negro supone esta mezcla monstruosa entre silla de realeza con un motivo campestre en el tapizado y requiere de grandes conocimientos en diseño de interiores para darle un contexto en el cual la hibridez de esta silla pueda ser llevada a primer plano y complementada con otros muebles. Es sin duda una pieza para aquellos que, desdeñosos de lo kitsch, buscan una nueva sensibilidad, para aquellos que se proponen lograr un diseño de interiores impactante en el sentido mas potente, iracundo y hasta violento de la palabra.