Cómo hacer tu hogar en una casa de alquiler

por | 19 de diciembre de 2011

La crisis está cambiando mucho de los hábitos de los españoles  y parece que uno de los más arraigados está en franco retroceso. Nos estamos refiriendo a la compra de una casa. Ahora, y cada vez más, el alquiler probablemente es una de las soluciones más viables para tener una casa sin hipotecarse de por vida. Pero, en este punto nos surge una duda: ¿Qué pasa con la decoración?

Sí, porque estamos acostumbrados a que cuando adquirimos una nueva casa en propiedad podemos elegir los muebles, los electrodomésticos, incluso podemos tirar paredes para convertir la cocina y la sala en una cocina americana, por ejemplo. Sin embargo, cuando nos vamos de alquiler, esa casa en la que vamos a vivir no es nuestra, o no lo es del todo, a pesar de que la paguemos mes a mes.

Si queremos modificar algo de la estructura de la casa, como cambiar la sala de sitio o tirar alguna pared o… tendremos que pedir permiso al arrendatario. Es él el que nos lo tiene que dar, pero eso no significa que no podamos hacer nada en la decoración del que será nuestro hogar. ¡Claro que no!

Para empezar tendremos que dejar claro en el contrato de arrendamiento lo que podemos y no podemos hacer, así nos evitaremos problemas futuros.

La más evidente, de esas cosas que tendremos que poder hacer, es pintar. Quizás haya gente que no dé importancia al color que tiñen sus paredes pero está más que demostrado que según qué colores nos influirán de una manera u otra en nuestro estado de ánimo. En cualquier caso, no es la intención de este artículo recomendar colores para las paredes. Pero sí hay que tener en cuenta que ese proceso (elección del color…) es fundamental para convertir una casa en alquiler en nuestro hogar.

Al margen de ello, y suponiendo que tengamos un casero relativamente estricto, se puede acomodar ciertos muebles a nuestros gustos: la televisión, el ordenador, lámparas de pie, cuadros… Hay muchas cosas en el ámbito de la decoración que podemos hacer sin cambiar la estructura de la casa.

Pero, claro, habrá gente que piense que es estúpido gastarse a saberse cuánto dinero en una casa que no es tuya, de la que te pueden echar en cuanto se acabe el contrato.

Bien, desgraciadamente vemos cada vez más cómo el banco se queda con las casas de personas que habían decidido comprar en lugar de alquilar, así que parece que tampoco ésa sea una solución para el problema anteriormente planteado. Y, de todas formas, siempre te puedes llevar lo comprado a donde vayas (o venderlas si te place).

En cualquier caso, lo importante, es hacer de esa casa (da igual el tiempo que estés en ella) tu hogar.