Vamos a ser Padres

por | 17 de mayo de 2011

Acababa de salir de la ducha y Rosa, mi mujer, me escondió la toalla.

– Venga Rosa, que no tenemos tiempo.

– Te he de decir una cosa, me dijo, mirándome fijamente a los ojos.

Alguna ha pasado, me dije.

– Mmm.

– Vamos a ser padres.

– Mmm.

– ¡¡¡Que vamos a ser padres!!!

Había pensado muchas veces en este momento, pero me quedé bloqueado unos segundos.

Nos abrazamos entre risas y besos.

¡¡Vamos a ser padres!!

La segunda en saberlo fue mi suegra, ese mediodía estaba haciendo guardia en la puerta de casa.

– Enhorabuena pareja.

– Rosa, a partir de ahora debes comenzar a cuidarte
Cómo si Rosa no lo hiciera, es de las personas que conozco que más atención presta a su salud.

– ¿Sabéis si es niño o niña?

– Mamá, eso ahora no nos preocupa, la verdad es que tampoco quiero saberlo.

– Cómo que no te preocupa, ¡ahora puedes saberlo! Sabes las complicaciones que tendré con la ropita del bebé, los colores, la cuna, el cochecito, el moisés.

– Gracias mamá por pensar en lo importante.

El sarcasmo no le afectó, de pronto mi suegra, Adela, se convirtió en una enciclopedia de los mil y un accesorios que íbamos a necesitar, a mí todo me sonaba extraño, como si no estuviera hablando de nosotros.

Y tú- me dijo Adela señalándome con el dedo, deberías cambiar el coche por uno más grande, ahora no podéis ir los tres en ese coche que tenéis, el cuco, la sillita…

Miré a Rosa en busca de una reacción, le encantaba nuestro coche de dos plazas, pero yo ya sabía que Adela tenía razón, en el dos plazas no podríamos ir los tres, durante muchos años, nos había servido como coartada para ir y venir a nuestro antojo, pero eso se había acabado.

Esa noche mientras cenábamos le comenté a Rosa.

– He tratado de ordenar las cosas que necesitaremos para el bebé y la verdad, me he agobiado un poco, lo cierto es que no sé por dónde empezar…

– Pues no te preocupes, que tenemos ocho meses y medio para ponernos las pilas.

– Ya, es lo que yo pensaba, dije yo.

– Todavía es pronto, pero debes pensar en cambiar todo lo que tienes en tu despacho, es la mejor habitación para poner el cuarto del bebé.

Mi despacho era en donde aparte de trabajar, tenía unos privilegios de privacidad, cuando me encerraba a trabajar, simplemente no estaba para nadie.

La semana transcurrió con relativa normalidad, alterada por las continuas llamadas de amigos y conocidos para darnos la enhorabuena, Rosa no paraba de decirme, al ritmo que vamos hemos de hacer una lista de nacimiento, no sabía muy bien a qué se refería, pero intuía que me iba a solucionar muchos quebraderos de cabeza.

Las siguientes tres semanas fueron un continuo de visitas y llamadas de amigos y familiares. Había pasado un mes y todo parecía haber vuelto a la normalidad.

El lunes a primera hora se presentó Adela con una sonrisa que parecía dar a entender que había encontrado el Santo Grial.

– Rosa, todo arreglado, ya tienes abierta la lista de nacimiento.

– Mmm.

– Sí, mira he ido a una de las tiendas de El Cuc y en un momento me han creado ellos mismos el registro de la lista de nacimiento, me han dado una clave con la que puede entrar y seleccionar desde casa todo lo que necesites para la llegada del bebe, además, cuando la tengas preparada, puedes enviársela a todos aquellos que quien hacerte un regalo, y no te olvides de tu primo Ernesto, que aunque esté en Australia, ahora puede hacerte el regalo. Te apunto en este papel la web www.elcuc.com

– Pero mamá, que idea más genial, no sabes el peso que me quitas de encima, ya estaba pensando como comunicarlo a todos los conocidos y después el problema de los regalos repetidos, las tiendas, cada una en una punta de la ciudad, genial de veras.

Mi suegra, pareció crecer un par de centímetros delante de mis propios ojos, no había caído el aura que la envolvía, cuando se giró hacia mí.

– ¿Y tú ya has solucionado lo del coche?

Miré a Rosa y sólo acerté a decir:

– He de marchar que tengo una reunión. Gracias Adela.

Salí de casa con el firme propósito de consultar la web en cuanto llegara al despacho, mientras aún podría disfrutar un par de meses de mi coche de dos plazas.

Salía por la puerta y aún pude oír a Adela que me decía algo sobre un cheque de regalo de 500,00€ de la lista de nacimiento.