El pueblo gitano, gran conocedor del tarot, define el don de la clarividencia como la capacidad poner la propia energía en sintonía con la del mazo de cartas y con la de la persona que realiza la consulta. Esta capacidad de canalizar la energía puede ser un don innato, transmitido a través de la sangre, pero de nada sirve si no se enriquece con un continuo estudio de los fenómenos del Universo, la naturaleza y las relaciones humanas. En resumen, los clarividentes serios realizan un intenso trabajo de preparación previa a la lectura de cartas y un exigente esfuerzo físico, mental y espiritual durante la misma, sin mencionar una vida dedicada a perfeccionar su saber hacer. Es apenas justo que reciban una recompensa por ello. Pagar por el servicio recibido es nada más que una expresión del respeto debido a todos los trabajos realizados por el hombre. Pero el tarotista puede elegir, como ocurre con cualquier otro trabajo también, brindar gratuitamente sus servicios, y nada malo puede haber en ello. Porque nada malo puede proceder del tarot. El tarot no es juez ni verdugo, sino guía y consejo. En ningún caso, y bajo ningún concepto, castiga o perjudica a quienes se acercan a él.
Para que cada vez más personas se acerque a él, justamente, surgieron las consultas al tarot gratis vía Internet. Porque los clarividentes más expertos, en su fina intuición, saben que el temor y la desconfianza hacia el tarot tienen su origen exclusivamente en el desconocimiento. Hoy, quien jamás se hubiese atrevido a acordar una consulta presencial tiene la chance de descubrir el fascinante mundo del tarot desde la tranquilidad de su hogar. Para sorprenderse y beneficiarse con el infinito tesoro de sabiduría, consejo, guía y consuelo ante la adversidad que esta milenaria mancia, en su rica sabiduría, tienen para brindarle.