La tradición del Pilar de Zaragoza

por | 26 de diciembre de 2010

Cada 12 de octubre, los hoteles de Zaragoza se llenan de visitantes procedentes de todos los rincones del mundo que acuden a la capital del Ebro a venerar a la Virgen del Pilar. Según una antigua tradición, desde los mismos inicios del cristianismo, los fieles habían levantado una pequeña capilla en honor de la Virgen María a orillas del río. Con el paso de los siglos, esta primitiva ermita se habría convertido en la gran basílica actual, uno de los centros de peregrinación más importantes del mundo católico.

El Pilar de Zaragoza se diferencia de otras apariciones marianas. La leyenda asegura que una noche del año cuarenta, el apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan e hijo de Zebedeo, se encontraba junto a sus discípulos cuando “escuchó voces de ángeles que cantaban Ave, María, gratia plena y vio aparecer a la Virgen Madre de Cristo, de pie sobre un pilar de mármol”. La Virgen, que aún vivía en Tierra Santa, solicitó al apóstol que construyese allí una iglesia, con el altar en torno al pilar donde estaba de pie y prometió que permanecería este sitio “hasta el fin de los tiempos para que la virtud de Dios obre portentos y maravillas por mi intercesión con aquellos que en sus necesidades imploren mi patrocinio”. Por tanto, la primera iglesia erigida en honor de la Virgen no surge tras una aparición, sino tras una venida de la Madre de Cristo mientras aún vivía en Palestina.

La devoción a la Virgen del Pilar ha traspasado fronteras, como así lo demuestran los mantones de gala y las banderas de países hispanoamericanos que se pueden ver en la capilla de la Virgen. Muchas instituciones tienen a la Virgen del Pilar como patrona, siendo considerada Madre de España. En 1984, el papa Juan Pablo II, al hacer escala en su viaje a Santo Domingo con motivo de la celebración del Descubrimiento del Nuevo Mundo, reconoció a la Virgen del Pilar como “patrona de la Hispanidad”.

En la catedral de Zaragoza se conservan unos documentos del siglo XIII que sustentan la tradición del Pilar. El más antiguo de estos testimonios es el sarcófago de Santa Engracia, conservado en Zaragoza desde la época del martirio de la santa, allá por el siglo IV. Un bajorrelieve del sarcófago representa el descenso de la Virgen desde el cielo para aparecerse al apóstol. En el año 835, Almoino, un monje de San Germáin de París, redactó unos escritos en los que habla de la iglesia de la Virgen María de Zaragoza.

La devoción al Pilar es propia de toda la región aragonesa. A este fervor popular contribuyó un prodigio ocurrido durante la guerra civil, cuando no estalló ninguna de las tres bombas que cayeron sobre el templo, algo que, para muchos, significó un claro signo de la especial protección de la Virgen.

Las principales celebraciones de las fiestas son la solemne Misa de Infantes; la popular ofrenda de las flores; la misa pontifical que se celebra a continuación; la ofrenda de frutos y el rosario de cristal, una procesión formada por 29 carrozas de cristal iluminadas que representan los Misterios del Rosario.