En cuanto a la imagen que la ilustra, en ella domina un gigantesco sol de ocho rayos que simbolizan las 8 polaridades masculinas (así como en La Estrella aparecen simbolizadas las 8 femeninas). El sol se muestra majestuoso en el centro de la carta, pero presenta, a la vez, un rostro humano. Este detalle encierra una de las enseñanzas más bellas del tarot: los supremos atributos divinos, la sabiduría y la generosidad, están también al alcance del hombre. Y es voluntad del principio divino que se apropie de ellos y los practique.
En el mazo de tarot de Marsella, este sol aparece derramando su tesoro de vida y calor sobre dos niños pequeños, semidesnudos, viva imagen de la pureza y la ternura, que se abrazan con afecto. Su sencillez, inocencia y candor se despliegan delante de un bajo pero sólido muro, una imagen que dentro del tarot simboliza el pasado. O, dicho de otro modo, todas las barreras y obstáculos que pueden llegar desde el pasado para poner en peligro la felicidad presente. El mensaje de este arcano al respecto, sin embargo, es rotundo y claro: el pasado ha quedado atrás, y el camino que se abre ante el consultante solo augura prosperidad y dicha. Se trata realmente de un arcano que presagia sueños cumplidos y felices concreciones.
En caso de aparecer en la consulta al tarot sobre el sexo de una criatura por nacer, se interpreta sin lugar a dudas que significa “varón”
En la ilustración del tarot Ryder para este arcano, los dos niños se han fundido en uno solo, bello, sonriente y rubio, que avanza feliz montando un hermoso caballo. Una imagen utilizada por este tarot para simbolizar, en la abundancia de la naturaleza, los tiempos de dicha y prosperidad de los que este arcano es mensajero.