No es acertado, entonces, desestimar la importancia del papel de los arcanos menores dentro de la tirada. Por supuesto, no hay nada de malo en comenzar el estudio del tarot a través de los arcanos mayores, que exigen mayor atención y dedicación para ser comprendidos en toda la riqueza de sus potencialidades. Lo que sí resulta totalmente desaconsejable es limitarse a tiradas basadas únicamente en estos arcanos, sin incorporar la interesante perspectiva y dimensión que los arcanos menores pueden aportar.
Al contrario de lo que mucha gente cree, los arcanos menores no reproducen la baraja española, aunque ciertas similitudes resulten más que evidentes. Sus cuatro palos son los mismos que los de dicha baraja, para empezar, pero cada uno está compuesto por 14 cartas, dos más que en la baraja española. Esto se debe a la inclusión de la figura de la reina, ausente, en los palos españoles, y del número 10, que en el tarot no es reemplazado por la sota (son 2 barajas diferentes).
El elemento numérico, de remembranza pitagóricas, cofiere a los arcanos menores del tarot una dimensión interesante. Puede tratarse de cartas no tan ricas en su simbología como las de los arcanos mayores, pero por cierto resultan más precisas en sus mensajes, ya que el número refiere a un tipo de situación determinada mientras que la ilustración de la baraja predice cual será su desarrollo.
Incluir a los arcanos menores en la tirada del tarot enriquece innegablemente sus consejos y su mensaje.